TRAS EL DESAPARECIDO GÉNERO EPISTOLAR
TRAS EL DESAPARECIDO GÉNERO EPISTOLAR Lillian Calm escribe: “Una de esas cartas es del almirante peruano Miguel Grau. La otra es la respuesta al almirante, de doña Carmela Carvejal viuda de Prat. Si bien se recuerdan en estas fechas, no suelen transcribirse in extenso”. No sé si el mail pueda llegar algún día a reproducir los matices del género epistolar. Tal vez. No así, por ejemplo, el WhastsApp. Entonces, en años que ya se fueron, el destinatario no recibía a veces incomprensibles emoticonos, sino muchísimo más: sucesos, sentimientos, experiencias, estados de ánimo. Alegrías y penas del alma. Cuando ese género, incluso a veces literario, ha desaparecido bajo una lápida que parece decir en extinción (ahora faltan elementos como el día en que pasaba el cartero, el sobre, la estampilla, la letra que escribía destinatario y remitente), me quiero detener en dos ejemplos que hacen historia. Pertenecen a la más pura narrativa epistolar. Una de esas cartas es del almirante peruano Mi...