Singular. Fulton J. Sheen (1895-1979) no fue un obispo como otros, si es que existe alguna norma para encasillar a un obispo. Pero, por poner un ejemplo, en tiempos de guerra se convirtió, sin él proponérselo, en una de las pistas más sin sentido que siguió el FBI. Otra curiosidad: ganó un premio Emmy por su programa en televisión. Sus libros -entre los que están Vida de Cristo, Dios y el hombre, Paz del alma- alcanzarían grandes tirajes.
El epilogo, si puede hablarse de epílogo, es que el próximo 24 de septiembre este sacerdote católico será beatificado -camino a ser canonizado- en Estados Unidos, país donde nació.
Para esto debió aprobarse un milagro (ratificado por un acucioso estudio y la unanimidad de siete médicos asesores de la Congregación para la Causa de los Santos, en el Vaticano): se trata de la inexplicable recuperación de un niño de Illinois, James Fulton Engstrom -el padre lo bautizó en artículo mortis con los nombres James Fulton-, tras haber nacido aparentemente muerto en 2010.
Leo la página de la Santa Sede, en que monseñor Sheen aparece aún como venerable siervo de Dios. Se explica que su vida constituyó motivo de edificación para quien se cruzara con él. Luego, su biografía: padres de origen irlandés, una vocación percibida muy tempranamente y, en 1919, la ordenación sacerdotal. Bachillerato en Derecho Canónico y Sagrada Teología, doctor en Filosofía… y profesor universitario.
Fue en marzo de 1930 cuando comenzó a dirigir un programa radiofónico titulado The Catholic Hour, que se extendería por dos décadas y alcanzaría una audiencia calificada de extraordinaria.
Como obispo de Nueva York siguió con su apostolado de la opinión pública. Condujo un programa a través de casi cincuenta canales de radio y televisión conocido como La vida vale la pena vivirla (Life is Worth Living): llegaría a tener una audiencia de treinta millones de espectadores a la semana, lo que lo haría merecedor del Emmy. Lo recibió en 1952 en la categoría de Personalidad televisiva más destacada.
Desde la Santa Sede, en tanto, diferentes pontífices le encargaron misiones variadas: formación de seminaristas, asistencia a los más necesitados y a los enfermos.
El mismo informe vaticano sobre su próxima beatificación destaca su excepcional actividad pastoral, sostenida por una intensa vida interior que se alimentaba cotidianamente por la celebración eucarística, la oración litúrgica y la devoción mariana. Buscaba vivir en la presencia de Dios y constituía un motivo de edificación para tantas personas que iba encontrando en la vida.
Pero hay más. Otras fuentes destacan que Fulton Sheen tenía una debilidad: convertir comunistas. Leo en la web:
Louis F. Budenz era editor jefe del Daily Worker, periódico oficial del Partido Comunista de los Estados Unidos. Tuvo polémicas con Sheen, debates e incluso discusiones ideológicas, hasta que... Baudenz renunció, finalmente, en forma pública al comunismo en 1945 y regresó a la fe católica. Todo comenzó cuando en 1937 Budenz invitó públicamente a los católicos a unirse al comunismo. Fulton Sheen escribió un artículo rebatiéndolo; se reunieron, le hizo ver los errores del materialismo dialéctico y apeló a las raíces católicas que tenía su contrincante.
Pero no sería el único caso: luego vendría el de Bella Dodd, en 1952. Abogado, miembro de la cúpula del Partido Comunista en Nueva York, ella había intentado infiltrar los seminarios católicos. Dejó escrita su biografía en un libro autobiográfico Escuela de oscuridad (School of Darkness). Sheen logró hacer lo suyo y ella se convirtió.
También influyó para que la conocida escritora, política y diplomática Clare Boothe Luce fuera recibida en la Iglesia Católica.
La agencia internacional Rome Reports, con sede en Roma, anticipándose a la beatificación, filmó un corto de 28 minutos titulado Sigan a ese obispo: recoge archivos desclasificados del FBI en pleno clima bélico. Se había abierto un expediente, hacia 1943, para seguir los pasos de Sheen, obispo muy popular. ¿Tenía una doble militancia?
Sus críticas a Stalin, entonces aliado de Washington, motivaron una denuncia anónima. Los resultados fueron insólitos: los sabuesos solo lograron certificar que al investigado le gustaba el helado de chocolate y que una vez había convencido a un policía para que no le pasara un parte por exceso de velocidad… Por supuesto muy luego hubo que cerrar el expediente y Edgar Hoover, mandamás del Bureau Federal, incluso invitó a Monseñor a dar la clase inaugural, al recibir a los futuros miembros del FBI.
Lillian Calm