Tiempo atrás tuve que ir a una notaría. Mi objetivo: vender un estacionamiento. Observé, junto a mi abogado, la confusión reflejada en la cara del notario (o suplente, porque el titular va solo a veces) cuando, bastante abrumado, me preguntó a bocajarro:
-Perdone, señora, ¿pero… usted sabe lo que está haciendo?
Eso fue hace más de tres años, cuando tenía, como es lógico, menos edad de la que la tengo ahora y casi la misma edad que cumplió hace unos días una señora que no rechaza de plano una candidatura a la Presidencia de la República.
Prefiero no opinar sobre ella porque no la conozco y, quizás, está entre quienes a su edad cuentan con superpoderes (según terceros yo estoy bien de la cabeza, por ejemplo, pero reconozco sin complejos que me canso mucho más que antes).
¿Y qué ha declarado esta señora?
Leí que Michelle Bachelet no dijo no cuando le preguntaron si estaba dispuesta a ir a una tercera candidatura presidencial.
A mí me dio susto no solo por el país, sino porque hay un tiempo limitado para cada cosa y sé muy bien lo que estoy afirmando porque, reitero, esa señora es apenas unos pocos años menor que yo.
No me atrevería a poner en duda sus capacidades, pero pienso que todo será un poco engorroso. Imagino, por ejemplo, que al firmar cualquier decreto (si es verdad eso que todos los ciudadanos somos iguales ante la ley) un amanuense de turno deberá preguntarle:
-Perdone, señora, pero… ¿usted sabe lo que está haciendo?
La verdad es que ella jamás aseveró voy a presentarme de candidata. No. Ante una insinuación de no hay segunda sin tercera, ella habría respondido con un creo que sí.
En caso de triunfar (porque todo puede pasar en el mundo y más aún en este país), habrá que llamar una y otra vez al notario. ¿O ya pasó al olvido esa disposición según la cual 75 años igual discapacidad que regía cuando fui a vender el estacionamiento?
Reconozco, en todo caso, que los mayores de 75 años por lo general somos mucho más aptos que otros que, si bien han hecho noticia por su juventud, han demostrado su impericia no solo al dar examen de grado sino al llegar a La Moneda. Pero, hay tantas edades intermedias que podrían ser más idóneas…
Veamos cómo andamos de edades en el mundo.
Trump es octagenario y Joe Biden, también. Uno de los récords lo detenta el ex primer ministro de Malasia, Mahatir bin Mohanad, hoy de 101, que presentó su renuncia a los 94 años. Paul Biya, de Camerún, se mantiene nonagenario en el cargo, y detenta el récord de ser el presidente más longevo del mundo. Por su parte Shimon Peres, presidente de Israel, dejó el poder nonagenario, y Robert Mugabe, presidente de Zimbabue, también a los 93 años.
Pero no se trata de una carrera en que se deba competir.
Me cargan los refranes y por eso no argumento eso que sobre edades no hay nada escrito… pero recuerdo cómo la misma izquierda ironizó groseramente en 1970 con la edad de Jorge Alessandri Rodríguez cuando se postuló, por segunda vez, como candidato presidencial… y a mi entender era menor de lo que sería Bachelet si insiste en llegar por tercera vez a La Moneda.
No sé cómo me va a ir con esta columna porque al parecer no es políticamente correcto (como si hubiera hechos políticamente correctos en el mundo de hoy) hablar de edades.
Si es así, no me queda otra que pedir mis más sinceras disculpas.
Lillian Calm