Hoy decidí darme una largona y jugar un poco. Y para jugar… nada mejor que la IA (admito, eso sí, que no solo sirve para jugar). Así, esta semana entrevisté a Platón y a Aristóteles. Si bien es farsa, me lo tomé casi en serio y me entretuve tanto que decidí dejar para otra oportunidad a san Agustín y a santo Tomás de Aquino, quienes me interesan sobremanera. Si los postergo ahora es solo por un problema de espacio.
A Platón y Aristóteles les formulé una sola pregunta:
¿Qué piensa, usted, de la Inteligencia Artificial?
Así, en vez de profundizar en sesudos estudios filosóficos, opté por caer yo misma en la trampa y entré, desde mi computador y apenas en un segundo, a ese controvertido mundo de la IA.
Partí por poner Modo IA y en un santiamén se me ofreció un menú de posibilidades, sin que yo tuviera necesidad de teclear nada más.
¿Las más a mano?
Cafeterías que admiten mascotas cerca de mí (respeto la redacción) y eventos locales gratuitos esta semana.
Rechacé esas opciones. No. Por ahí no iba mi disquisición.
Mis interrogantes eran más profundas.
Primero: ¿Qué pensaría Platón de la IA?
Me responde el computador. Leo:
Platón vería en la inteligencia artificial (IA) una herramienta peligrosa que ofrece la apariencia de sabiduría sin la sustancia del verdadero conocimiento.
Sigo:
Para responder a tu pregunta con sus propios conceptos, podemos imaginar su postura a través de sus grandes teorías:
en su famosa Alegoría de la caverna, los prisioneros confunden las sombras proyectadas en la pared con la realidad.
El dilema de la IA: los modelos de lenguaje actuales no entienden la verdad ni acceden al mundo real de las Ideas; solo manipulan estadísticas, patrones y "sombras lingüísticas" de datos.
El peligro: creer que una respuesta generada por una máquina es el conocimiento verdadero (episteme). Para Platón, la IA nos encerraría en una capa más profunda de ilusión, haciéndonos confundir el cálculo estadístico con la comprensión de la esencia de las cosas.
Y continuó... aunque me salto algunos párrafos:
La repetición en la IA: si la escritura amenazaba con debilitar la memoria humana, la IA amenaza con atrofiar el esfuerzo cognitivo y la dialéctica. Platón pensaría que las personas usarán la IA para delegar el pensar, pareciendo sabios ante los demás sin haber cultivado el alma ni la virtud mediante el esfuerzo personal y el diálogo genuino…
El texto es largo. Mejor lo dejo, por ahora, porque no quiero quedarme solo en Platón y me salto a Aristóteles que, según la misma IA, vería la Inteligencia Artificial como una sofisticada herramienta técnica y una prolongación de la lógica formal que él mismo ayudó a fundar, pero negaría que posea un alma racional o entendimiento genuino.
Leo: la IA opera mediante patrones, algoritmos y silogismos formales que recuerdan a la lógica deductiva aristotélica.
Naturaleza artificial: para Aristóteles, las cosas artificiales tienen su principio de cambio en el exterior (en el ser humano que las crea), no en una naturaleza propia (physis). La máquina procesa y responde, pero carece de iniciativa propia o voluntad autónoma.
Sigo leyendo y habla del riesgo del desvío: advertiría que el peligro no reside en que la máquina sea "demasiado inteligente", sino en que los humanos deleguemos en ella nuestra responsabilidad moral y nuestra capacidad crítica, rebajando nuestra propia virtud.
La IA se ha extendido demasiado (en otras palabras, parece que no tiene poder de síntesis) y por eso ya no alcanzo a preguntarle, para esta misma columna, qué opinan sobre ella misma, san Agustín y santo Tomás.
Por ahora prefiero quedarme con la bala pasada y dejo, a estos dos grandes santos, para otra oportunidad (si es que se da, naturalmente).
Una última reflexión: bromas aparte, tengo claro que ninguno de los cuatro oyó hablar de la IA, pero debo reconocer que, a pesar de eso, supieron arreglárselas de lo más bien en la vida.
Lillian Calm