Leí este libro cuando aún no era libro. El autor me lo pidió. No contaría este episodio si no fuera porque él, ahora en sus páginas, me agrega en la lista de quienes lo conocimos cuando, según él dice, era solo un boceto plagado de buenas intenciones.
Pero, doy fe, siempre fue mucho más que eso. Ahora ese boceto es un libro hecho y derecho, de casi 250 páginas, titulado Ojos nuevos. Son una alerta, una llamada, una advertencia a gritos contra la pornografía.
Lo clama, ya en la misma portada, el sacerdote Juan Ignacio Izquierdo Hübner: el amor es más fuerte que la pornografía. Las raíces bíblicas de la frase se encuentran en el Cantar de los Cantares: Fuerte es como la muerte el amor.
En Chile la oímos muy de cerca: san Juan Pablo II, el Papa polaco, se puede decir que se la gritó a los jóvenes en el Estadio Nacional. Yo estaba ahí, tratando de aparentar ser más joven de lo que en la realidad era.
Hago un paréntesis: ¿entonces, cuando vino el Papa Juan Pablo, aún no existían los celulares? ¿Por qué hago este alcance? Porque uno de los personajes centrales de este libro es el celular. Hay otros, por supuesto, como Vicente, Grimson, Lumen, Narrador, Autor, pero agrego el celular o móvil o como quiera que se le llame, como personaje protagónico.
El autor comenzó hace unos cinco años a estudiar el tema. Su conclusión: es urgente retrasar la entrega de Internet y redes sociales a los niños. Idealmente hasta después de los 18. Sobre esto podríamos conversar y promover acuerdos.
No se trata de una lucha encarnizada contra el celular, sino que es simplemente un parelé. Lo principal vienen a ser el cuándo y el para qué.
Como adelantaba, leí detenidamente el texto cuando recién iba a ser un libro. Por eso ahora me voy directo a las primeras páginas (la 21), cuando Grimson, diablo, empuja a su víctima (Vicente) a aceptar el empleo que le ofrecen en un estudio de abogados donde exprimen a los novatos como naranjas.
Nos encontramos a un Vicente que llega extenuado de trabajar y se dispone a descansar (ahora voy apenas en la página 22). Entonces el protagonista sacó el móvil sin pensar, como quien siente un picor fantasma en las manos. Antes de saber qué buscaba, la pantalla estaba brillando delante de sus narices.
Viene la lucha entre el bien y el mal. A un lado, el hombre, que es apenas un joven cualquiera de nuestros tiempos, de hoy día mismo, premunido de un celular, y por el otro lado… el demonio. La trama es conocida. Nos acordamos de Fausto y Mefistófeles. Pero aquí estamos hoy y ahora.
Como dice el autor, los adolescentes no están creciendo bien. Tienen un enemigo en el bolsillo, como quien siente un picor, que los interrumpe, distrae, quita energías, anestesia y seduce hacia distintas clases de adicciones.
Este libro -de la también joven editorial Semillas- debería leerse, pienso yo, en diferentes establecimientos educacionales (en los que el autor tiene experiencia, ya que ha sido capellán en algunos de ellos) porque todavía hay mucho que se puede hacer. Que se puede rescatar …
Si bien se podría decir que el libro va dirigido a lectores jóvenes, no hay que olvidar a padres, apoderados y profesores. Y, ¿por qué no, abuelos? También es para aquellos que día y noche, o al menos parte del día o de la noche, andan pegados a su celular o móvil o simplemente pantalla. Por eso el autor hace una invitación: soñemos por un momento en un mundo libre de pornografía.
Lillian Calm