Y PUTIN, AHORA EN EL CINE

 

Y PUTIN, AHORA
EN EL CINE 

Lillian Calm escribe: “En la ex Unión Soviética las muertes no suelen ser tan súbitas (siempre, en los jerarcas, había al menos un dolor de cabeza de por medio), y Navalny, según el libreto oficial –indicios sugieren una planificación de antemano-, salió a caminar y … ¡zas!, se sintió mal y murió al regresar, en una colonia penal siberiana”.

No he visto la película. Tampoco sé hacer crítica de cine, lo que implica todo un arte… Pero El Mago del Kremlin, que se estrena apenas en unos días más y que nos trae a Vladimir Putin casi en vivo y en directo, me hizo recordar instancias de ese mundo, Rusia, que se nos ha acercado tanto más desde que cayó la Cortina de Hierro.

Esta película, dicen, abarca los últimos 35 años. Mis recuerdos datan incluso de mucho antes, claro que nada tienen que ver con el filme en cuestión.

Así, me quedó grabada una escena de uno de los primeros capítulos de The Crown (no vi muchos más). Reproducía una de las más dramáticas escenas de la historia: el asesinato de la familia Romanov. Uno por uno, a sangre fría, sin importar la edad. Qué duro debe ser morir en Rusia.

Segundo tema: la enfermedad y/o muerte sucesiva de líderes soviéticos.  Siempre me dio que pensar.

Era la época, al menos así la percibí, de los boletines médicos. Llegué a suponer que los facultativos de los jerarcas del Kremlin  tenían un muy mal diagnóstico… o que uno de los requisitos para asumir como número uno en la URSS era ya contar con una salud quebrantada.

Los anales de los sucesivos mandamases oscilaban desde un simple resfrío hasta otras dolencias que terminaban casi siempre en necrologías. Las alzas o bajas de temperatura, de presión, de glicemia y de tantos otros indicadores parecían agitar, desde el Kremlin, el ya avanzado siglo XX.

Examinemos solo a tres máximos gobernantes y, por consiguiente, también líderes del Partido Comunista:

Leonid Brezhnev (1964-1982) desaparecía y aparecía en público: un día era cáncer, al siguiente Parkinson y así distintos otros males reales o supuestos. Esto llegó a tanto que cuando se produjo el desenlace final, Indro Montanelli, director del Giornale Nuovo, de Milán, escribió: Durante años se vivió entre alarmas y desmentidos hasta tal punto que cuando el corresponsal en Moscú, Edmund Stevens, que fue el único que lo supo inmediatamente, dio la noticia de la muerte de Brezhnev al periódico, su director -que soy yo- la publicó con un signo de interrogación, que era suficiente para echar a perder el llamado golpe o primicia informativa. Paciencia. Son cosas que les pasan incluso a los periodistas de más larga experiencia, como creo serlo (sic).

Yuri Andropov, sucesor del anterior jerarca, gobernó desde fines de 1982 hasta quince meses después, cuando murió en el Hospital Clínico Central de Moscú. Tanto como gobernante como paciente fue polifacético. Sufrió dolencias al corazón (difundidas por trascendidos o boletines), afecciones renales y pancreáticas, como también trastornos en la sangre.

Konstantin Chernenko lo sucedió en el Kremlin, pero murió en 1985, también por serios problemas de salud, esta vez pulmonares.

Si nos acercamos a la actualidad nos encontramos de frente con el cocinero de Putin. La suya parece ser parte de la seguidilla de muertes que, es una suposición, no son casuales en Rusia. (Digo al parecer, porque yo no afirmo nada).

Así, en 2023 (23 de agosto) se informó de la muerte del cocinero (o chef) de Putin en un accidente aéreo: Yevgeny Prigazhin no solo se dedicaba a la cocina, sino que fue fundador del Grupo Wagner de mercenarios militares, que entraron en Ucrania y luego amenazaron el mismísimo Kremlin.

El 16 de febrero de 2024 se produjo otra muerte repentina. Ese día cayó el máximo opositor de Vladimir Putin: Alexéi Anatólievich Navalny. Era casado con Yulia (de bajo perfil, pero hoy catapultada como la primera dama de la oposición rusa) y padre de dos hijos. Se asegura que tenía buena salud y que habría muerto en forma súbita.  Su madre comentó: Estaba sano y contento de estar vivo.

Nada ha sido igual tras la curiosa muerte de Alexéi Anatólievich Navalny. Curiosa porque en la ex Unión Soviética las muertes no suelen ser tan súbitas (siempre, en los jerarcas, había al menos un dolor de cabeza de por medio), y Navalny, según el libreto oficial –indicios sugieren una planificación de antemano-, salió a caminar y … ¡zas!, se sintió mal y murió al regresar, mientras se encontraba en una colonia penal siberiana.

Y a propósito de filmaciones: un documental sobre Nalvalny ganó el premio al Mejor Largometraje Documental de los Premios Oscar 2023: es una investigación sobre un intento de asesinato, pero anterior… no precisamente el que le provocó la muerte. Según señalan los rusos la causa final sería enfermedad combinada y arritmia. Según Occidente, envenenamiento por una neurotoxina (epibatidina).

 

Lillian Calm

Periodista

09-04-2026

 

 BLOG: www.lilliancalm.com

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