LEÓN XIV, EL PAPA QUE SABE PERDONAR

 

LEÓN XIV, EL PAPA

QUE SABE PERDONAR

Lillian Calm escribe: El primer pontífice nacido en suelo estadounidense, el Papa Prevost, dedicó una audencia general a profundizar en el arte del perdón.

Fue en agosto del año pasado. El día 20. León XIV llevaba poco más de tres meses desde que había sido elegido Papa y, en la catequesis de la audiencia general profundizó en el arte del perdón.

Hoy esas palabras, recogidas entonces por las agencias vaticanas, nos hacen comprender mejor su actitud serena, profunda y, ¿por qué no, también santa? de estos últimos días ante acontecimientos que ni siquiera vale la pena recordar.

El Papa comentó el Evangelio en que Jesús, en la Última Cena, ofrece un trozo de pan a Judas, quien está por traicionarlo.

El primer pontífice nacido en los Estados Unidos explicó que Cristo enseña que amar significa dejar libre al otro, incluso para traicionar, y que eso no es negar el mal, sino impedirle que genere otro mal: aunque el otro no lo acoja, aunque parezca vano, el perdón libera a quien lo dona.

Como difundieron las agencias de noticias a fieles y a no fieles, el Papa Prevost agregó:

-Amar hasta el final: esta es la clave para comprender el corazón de Cristo. Un amor que no se detiene ante el rechazo, la decepción, ni siquiera la ingratitud.

Explicó que no es solo un gesto de compartir; es mucho más: es el último intento del amor por no rendirse.

 En el Aula Pablo VI manifestó que cuando llega la hora, Jesús no la sufre: la elige (…) Es Él quien reconoce el momento en que su amor tendrá que pasar por la herida más dolorosa, la de la traición. Y en lugar de retirarse, acusar, defenderse...  sigue amando: lava los pies, moja el pan y lo ofrece.

Prosiguió:

-Este pasaje nos impacta: es como si el mal, hasta ese momento oculto, se manifestara después de que el amor mostrara su rostro más desarmado. Y precisamente por eso, ese bocado es nuestra salvación: porque nos dice que Dios lo hace todo, absolutamente todo, para llegar a nosotros, incluso en el momento en que lo rechazamos.

Y continuó:

-Es aquí donde el perdón se revela en toda su potencia y manifiesta el rostro concreto de la esperanza. No es olvido, no es debilidad. Es la capacidad de dejar libre al otro, amándolo hasta el final. El amor de Jesús no niega la verdad del dolor, pero no permite que el mal tenga la última palabra. Este es el misterio que Jesús realiza por nosotros, en el que también nosotros, a veces, estamos llamados a participar.

Luego profundizó:

-Hoy en día tantas relaciones se rompen, cuántas historias se complican, cuántas palabras no dichas quedan en el aire.

Pero insistió en que los evangelistas nos indican un camino nuevo a seguir:

-El Evangelio nos muestra que siempre hay una manera de seguir amando, incluso cuando todo parece irremediablemente comprometido. Perdonar no significa negar el mal, sino impedirle que genere otro mal. No es decir que no haya pasado nada, sino hacer todo lo posible para que no sea el rencor el que decida el futuro.

Reafirmó:

-Cristo permanece fiel hasta el final, y así su amor es más fuerte que el odio.

Luego expresó:

-Nosotros también vivimos noches dolorosas y agotadoras. Noches del alma, noches de decepción, noches en las que alguien nos ha herido o traicionado. En esos momentos, la tentación es cerrarnos, protegernos, devolver el golpe. Pero el Señor nos muestra la esperanza de que siempre hay otro camino. Nos enseña que se puede ofrecer un bocado incluso a quien nos da la espalda. Que se puede responder con el silencio de la confianza. Y que se puede seguir adelante con dignidad, sin renunciar al amor.

León XVI invitó a pedir la gracia de saber perdonar, incluso cuando no nos sentimos abandonados. Porque es precisamente en esos momentos cuando el amor puede alcanzar su cima.

Como nos enseña Jesús, amar significa dejar al otro libre —incluso para traicionar— sin dejar nunca de creer que incluso esa libertad, herida y perdida, puede ser arrancada del engaño de las tinieblas y devuelta a la luz del bien. Cuando la luz del perdón logra filtrarse entre las grietas más profundas del corazón, comprendemos que nunca es inútil. Aunque el otro no lo acoja, aunque parezca vano, el perdón libera a quien lo ofrece: disuelve el resentimiento, devuelve la paz, nos devuelve a nosotros mismos.

-Jesús - agregó - con el sencillo gesto de ofrecer el pan, muestra que toda traición puede convertirse en una oportunidad de salvación, si se elige como espacio para un amor más grande. Él no cede ante el mal, sino que lo vence con el bien, impidiendo que apague lo que hay de más verdadero en nosotros: la capacidad de amar.

 

Hasta ahí el Papa León XIV en sus enseñanzas sobre el perdón.

 

Lillian Calm

Periodista

23-04-2026

 

 BLOG: www.lilliancalm.com

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