JUAN FRANCISCO LECAROS VIAJA HACIA EL PRIMER PASADO DE CHILE

 

JUAN FRANCISCO LECAROS VIAJA

HACIA EL PRIMER PASADO DE CHILE

Lillian Calm escribe: “Este libro no es simplemente un producto de escritorio. Me consta que escenarios de la prehistoria y la historia fueron recorridos por el mismo autor, quien tampoco pretende tener el rigor del historiador. Como él mismo explica, el entusiasmo por las expediciones al desierto y las montañas me brotó recorriendo con amigos el Camino del Inca en Chile”.

Confieso que, al llegar a mis manos, incluso dudé en empezarlo; leí muy de reojo el título, En busca de los comienzos de Chile, y me pareció que ese libro no estaba entre mis temas:  comienza por la prehistoria, cuando lo mío ha sido siempre la historia y, mientras más reciente, mejor. Pero tal vez, porque conozco al autor, lo empecé y ya no pude dejarlo.

Así retrocedí unos 10.000 años a.C. hasta cuando los primeros seres humanos llegan al norte de Chile. Y al siglo II, cuando se supone que los camanchacos construyeron las primeras balsas de cuero… Siglo XVI… y aparece Almagro, pero precedido por toda una retahíla de incas, los seis primeros legendarios, que gobernaban las tierras al norte: Manco Cápac, Sinchi Roca, Lloque Yupanqui y nueve más, hasta Atahualpa, el último del Tahuantinsuyo.

Quizás en un principio, incluso más que el tema, me atrajo el estilo del autor. Muy propio. Nada de academicismos, a veces tan innecesarios, pero nada tampoco, pienso, que vaya a contrariar a los académicos. Es la soltura de quien domina el lenguaje y se atreve a ir intercalando lo que piensa, lo que pensó, lo que pudo ser y no fue. Y le resulta. 

Un diálogo puede ir en medio de una frase narrativa o también ser interrumpido por un repentino razonamiento del autor. A veces, parece motivado por un simple estado de ánimo. Destaco esos diálogos, su narración, las interrupciones que se hace a sí mismo; sus tiempos verbales. 

En unas cuatrocientas páginas traza la expedición a los senderos que nos fundaron.

Alguien podría comentar que a ratos el relato se hace largo. Tal vez. Pero yo le daría un consejo a ese alguien: que lo siga leyendo. A los primeros que llegaron a estas tierras también se les hizo largo, muy largo; fueron siglos de siglos que ahora Juan Francisco Lecaros, en un solo libro, nos trae al presente.

Así tras la prehistoria comprobamos, por ejemplo, cuán dificultosa se le hizo a Almagro la andadura para llegar a estas tierras deprimentes (deprimentes no para nosotros, que las queremos tanto, sino para don Diego). Y qué poco sabemos de todo aquello.

Vuelvo a reflexionar: qué poco sabemos -al menos yo- de nuestros propios cimientos. De los incas, de un Diego de Almagro, tuerto en la vida real pero no en los retratos que lo recuerdan. 

Fue él quien prestó la plata a sus hombres para que se apertrecharan (…) Toda esa generación de españoles conocía bien las reglas del juego. Sabemos el destino de los exitosos. Tienen plazas a su nombre, calles, avenidas y monumentos. Pero los otros, los que quedaron a la vera, fueron muchos más. Permanecen anónimos, ahogados por la exuberancia indiana o traspasados por una flecha.

Bajo el subtítulo La ojeada a Chile, el autor explica que mientras más penetraban en Chile (Almagro y sus hombres), más se desilusionaban.       

Otro párrafo: En rigor, no fue Almagro el primer español que pisó suelo chileno. Hubo otro adelantado, un tal Calvo Barrientos, un personaje singular, sin duda. Había sido un soldado de Pizarro al que, por ladrón, le cortaron una oreja. Calvo, lleno de vergüenza, se escapó a nuestro Chile…

Y está el regreso al norte de quienes llegaron con don Diego: Los retornados, encabezados por Almagro, serán la burla de su propia sangre. Se los llamará los de Chile, y ser parte de ese lote es lo peor. Unos ilusos y fracasados, a quienes los engañaron como a niños. Así, el nombre de Chile equivalió al hazmerreir. Los que volvieron sin nada en las manos. Con el tiempo, los de Almagro se convertirán en los rotos de Chile.

Avanzamos a través de los capítulos: Pedro de Valdivia, don Mateo y la Junta, los O´Higgins (Ambrosio y Bernardo), los Carrera, San Martín en Maipú y su escueto parte: Acabamos de ganar completamente la acción. Nuestra caballería los persigue hasta concluirlos. La Patria es libre, abril de 1818, SAN MARTIN.

Este libro no es simplemente un producto de escritorio. Me consta que escenarios de la prehistoria y la historia fueron recorridos por el mismo autor, quien tampoco pretende tener el rigor del historiador. Como él mismo explica, el entusiasmo por las expediciones al desierto y las montañas me brotó recorriendo con amigos el Camino del Inca en Chile

Ese es su gran valor.

Y, además, sé que lo sigue recorriendo en Chile y fuera de Chile.

Su gran mérito es el de la historia in situ. Por eso su lectura abre, tal cual, un nuevo mundo. Sus páginas sintetizan sus recorridos palmo a palmo por los escenarios de la acción. Desde antes de que Chile fuera Chile.

 

 

Lillian Calm

Periodista

19-03-2026

 

 BLOG: www.lilliancalm.com

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