BAQUEDANO DE SIGLO EN SIGLO

 

BAQUEDANO DE SIGLO EN SIGLO

Lillian Calm esribe: “Hoy, sin detenerme en aquello que quisiera olvidar, esas palabras no solo recobran actualidad sino que me llevan a reproducirlas en parte, como homenaje a Diamante y, por supuesto, también a quien va, victorioso, montado en su cabalgadura. Edwards Bello tituló esa columna El caballo de Baquedano”.

Mientras observo al general Manuel Baquedano montado en su cabalgadura, en esa plaza desde donde ambos, jinete y cabalgadura, jamás debieron salir, recuerdo una columna de Joaquín Andrés Bello que hoy se guarda celosamente, de puño y letra del autor, en la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos.

Hubo previsión, sin duda, al adquirir el original de ese artículo, fechado el 10 de septiembre de 1928, y escrito por quien fuera Premio Nacional de Literatura (1943) y Premio Nacional de Periodismo (1959).

Los lunes de Joaquín Edwards Bello aparecía semanalmente en el diario La Nación. El título de la columna fue, esa vez, El caballo de Baquedano.

Hoy, sin detenerme en aquello que quisiera olvidar, esas palabras no solo recobran actualidad sino que me llevan a reproducirlas en parte, como homenaje a Diamante y, por supuesto, también a quien va, victorioso, montado en su cabalgadura. Edwards Bello tituló esa columna El caballo de Baquedano y describe al animal

“ensillado, destacándose en el panorama lumínico de la cordillera, en la Plaza Italia”.

Y aclara: “Ese caballo no es Babieca ni Rocinante (es decir, ni el del Cid ni el del Quijote, aclaro yo), pero tiene también un valor histórico (…) Estaba erguido en su pedestal de piedra verdosa de agradable aspecto y estaba cubierto con una capa. Es el caballo que montará el general Baquedano para emprender un viaje sin fin…”.

Luego anota:

“¡Baquedano! Vuelve a la ciudad que tanto quiso, a prolongar su mirada por la Alameda donde una tarde entró rociado de flores con la satisfacción del cumplidor”.

Transcribo:

“Baquedano volverá a entrar en el corazón de los santiaguinos, hacia la eternidad de la gratitud, aunque por la puerta falsa del olvido. Recordemos que Don Quijote salió de la Mancha por la puerta falsa de un corral.

“Pocos se explicarán por qué el general Baquedano, jefe de la expedición contra el tratado secreto adverso, había casi desaparecido de nuestros sentimientos. ¿Acaso porque no tenía parientes significativos? Es posible. Hay muchos monos por ahí, en formas de bronce, que casi nada significan comparados con don Manuel Baquedano. ¿Por qué lo olvidamos?”.

Sigue: “El general del 79 fue un chilenazo puro, francote y severo, con las virtudes máximas de esta patria que don Carlos de Borbón vino a llamar ‘una España cristiana’. Había en Chile entonces una pureza de porotos burros y de cebolla cruda, una caricia de boldo y peumo en el aire como una mañana de campo. Paz de alamedas y sustancia de fruta”.

Y más adelante: “Santiago, moderno, abundante en letreros que dicen demolición, hace bien en levantar la figura de Baquedano, que es como el buen sentido, la virtud, la franqueza…”.

Me quedo muda. No hay nada que agregar.

 

 

Lillian Calm

Periodista

12-03-2026

 

 BLOG: www.lilliancalm.com

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