UN COMUNISTA PASADO DE MODA

 

Lillian Calm escribe: “Se proyectaba que el Partido Comunista elegiría a dos senadores por la Región Metropolitana, pero no solo no los eligió sino que el que se perdió fue Teillier, nada menos que el presidente de la colectividad. ¿Será porque sus correligionarios le tienen distancia a la tercera edad? Si bien eso no habla bien de ellos, no es menos cierto que a don Guillermo le faltan apenas dos años para cumplir los 80”.

Me parece, aunque quizás son simple impresiones mías, que los comunistas de ahora no están para nada con la tercera edad. Si bien en esta elección parlamentaria salieron fortalecidos, al mismo tiempo se produjo un hecho trascendental que, a mi modo de ver, no ha sido destacado suficientemente: la derrota de su mandamás Guillermo Teillier.

De hecho en los días anteriores se proyectaba que el Partido Comunista elegiría a dos senadores por la Región Metropolitana, pero no solo no los eligió sino que el que se perdió fue Teillier, nada menos que el presidente de la colectividad. ¿Será porque sus correligionarios le tienen distancia a la tercera edad? Si bien eso no habla bien de ellos, no es menos cierto que a don Guillermo le faltan apenas dos años para cumplir los ochenta.

 

En la Rusia soviética a los líderes veteranos se los hacía simplemente desaparecer o, más bien, se utilizaba el método de los boletines médicos. El gobierno de la URSS, tan esquivo para informar, paradójicamente en esos casos emitía declaraciones desde el Kremlin a través de su única agencia informativa.

En febrero de 1985 nos impusimos al detalle de la salud del máximo líder Konstantin Chernenko, que moriría al mes siguiente. Su antecesor, Yuri Andropov, había sido un paciente polifacético: distintas dolencias al corazón (difundidas por rumores o boletines) debieron ceder el paso a afecciones renales y pancreáticas, más algunos trastornos de la sangre.

El paciente anterior a Andropov -el inefable Leonid Brezhnev- también dio de qué hablar durante mucho tiempo con sus desapariciones y apariciones en público. Un día se informaba de un cáncer, al día siguiente se agregaba Parkinson y luego otros males que nunca se supo si eran reales o supuestos. Pero tras estos síntomas, al parecer, no había sino agresivas pugnas de corrientes políticas.

Afortunadamente en Chile no pasa nada de eso. Los comunistas criollos parecen más civilizados que aquellos prohombres soviéticos y no enferman ni hacen desaparecer a sus jerarcas. Simplemente se desmarcan de la orden de partido y en el secreto de la cámara eligen a correligionarios más jóvenes.

¿El resultado? El partido se transformó en la principal fuerza de Apruebo Dignidad (doce diputados y dos senadores), pero perdió a su dirigente histórico que fue incapaz de saltar de la Cámara de Diputados al Senado. Sin duda influyó el fuerte apoyo a la independiente Fabiola Campillai o, tal vez, los suyos quisieron en forma menos indolora ir retirando de las canchas al añoso presidente de la colectividad.

El diputado Teillier, por mucho que hubiera querido cambiarse de cámara, es para mí lo que se llama un incumbente. Suelen preguntarme qué significa esa palabra tan rara. Yo entiendo que es un buen término para definir a los parlamentarios apernados en sus sillones, a los que no les importa que los reelijan período tras período aunque la tercera y la cuarta edad los sorprenda en el Congreso. Era una buena artimaña dejar de ser diputado y convertirse en senador, pero esa artimaña falló por culpa de sus propios partidarios.

Concordemos por lo demás que Guillermo Teillier nunca ha llegado a estar a la altura de un Volodia Teitelboim o de un Luis Corvalán; o, más recientemente, de una Gladys Marín, dentro de las filas del partido. Su estrategia pareciera ser pasar inadvertido y hacer las menos declaraciones posibles… salvo para el primer estallido del primer octubre (2019). Entonces, el mismísimo día, contra lo que es habitual en él pero eso sí siempre poniendo cara de bonachón, hizo declaraciones: en el fragor de los hechos llamó al Presidente de Chile a renunciar a su cargo.

 

Lillian Calm

Periodista

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