LA SEÑORA MITI EN LAS PÁGINAS DE SU NIET

 

Lillian Calm escribe: “Ana Campos, la autora, periodista y escritora, no es protagonista y podría haberlo sido. Quizás algunos lectores no sabrán nunca quién es verdaderamente, si no fuera por Nota y Agradecimientos, que ocupan cada uno media página entre casi cuatrocientas, pero solo en esas medias páginas ella se refiere abiertamente a ‘mi abuela’”.

Es para leerlo con pandemia o sin pandemia, porque la apasionante historia de Miti Markmann, como se describe en la portada, a mí por lo menos me resultó apasionante,  aunque reconozco que en algunas páginas más que en otras.

Una luz en la sombra es el título. No pude asistir al lanzamiento porque estaba fuera de Chile, pero en cuanto regresé compré el libro y ahí quedó esperando un momento propicio, tranquilo, para no leerlo a tontas y a locas.

Y la pandemia con su cuarentena trajeron ese momento.

Ana Campos, la autora, periodista y escritora, no es protagonista y podría haberlo sido. Quizás algunos lectores no sabrán nunca quién es verdaderamente, si no fuera por Nota y Agradecimientos, que ocupan cada uno media página entre casi cuatrocientas, pero solo en esas medias páginas ella se refiere abiertamente a “mi abuela”.

Eso le garantiza una cercanía inigualable, aunque sabe distanciarse del personaje para dejar de ser la nieta y convertirse solo en autora. Aprendí mucho con este libro… y aprendí porque reconozco con vergüenza que sabía muy poco del gobierno del presidente radical Gabriel González Videla, su abuelo. Me muevo bastante bien por la historia de Chile, pero en el colegio ese período prácticamente nunca se alcanzaba a pasar.

Y me llevé una buena impresión en estas páginas de esa presidencia, y de las anteriores incursiones del abuelo de la autora en política, que culminarían en el Congreso y en La Moneda.

Ana Campos sabe enfrentar al lector con momentos durísimos de la vida de su abuela. Conmovedores al extremo, especialmente en la Europa de la segunda guerra mundial cuando Gabriel González Videla fue embajador en Francia. Ahí nace y muere Gabrielito González Markmann. Ahí muere también la madre de Miti, Ana, que se llamaba igual que la autora de este libro.

Pero hay también anécdotas divertidísimas, como cuando el novel diplomático repasó y repasó el discurso que debía pronunciar ante el presidente de Francia, Albert Lebrun. Partió muy de chaqué a presentar las cartas credenciales, pero cuando ya se encontraba en Palacio metió la mano al bolsillo y se dio cuenta de que el dichoso discurso se le había quedado.

Leamos a la autora: “Entró en pánico. Lebrun vio su cara de angustia y cómo se palpaba los bolsillos. En eso el presidente metió la mano a su propio bolsillo y le entregó una copia del discurso que le habían enviado. ‘Este olvido le ha ocurrido a tantos embajadores que siempre me aseguro de tener una copia extra’, le dijo”.

Otro hecho insólito se produjo al visitar a la Gran Duquesa Carlota de Luxemburgo. Previamente el gran chambelán lo instruyó en el rito del besamanos: “Él no sabía que iba a pasar por varios salones antes de llegar donde la duquesa. Cuando se abrió la puerta del primer salón y vio en el fondo a una linda joven elegantemente vestida de blanco acompañada por algunos personajes de uniforme, le hizo una ceremoniosa venia y le besó la mano. El gran chambelán le dio alcance y le dijo: “Pas encore, Monsieur. La grande duchesse vous attend dans les proechaines salles” (Aún no, señor: la Gran Duquesa lo espera en los salones siguientes).

Hay anécdotas en Estados Unidos (por donde viajaron para llegar a Francia y a donde regresaron ya en la Presidencia) y también en Brasil, donde los esperaba otra embajada. Entre 1946 y 1952, período del mandato, las páginas tienen mucho contenido, como por ejemplo cuando viajan con gran comitiva a hacer soberanía a la Antártida.

En 1948 el Presidente firmó la Ley de Defensa de la Democracia,  que prohibió la existencia del Partido Comunista y reprimió las protestas sociales.

Leo: “Gabriel consideró que el país no podía vivir permanentemente con restricciones que limitaban las garantías constitucionales y la única forma de conservar el régimen democrático era dejar a los insurrectos fuera de la ley, algo que comenzó a ser ampliamente debatido, porque había gente que apoyaba la medida y también había detractores. Esos meses de mediados de 1948 el país comenzó a vivir días de mucha polarización., lo que culminó un día de septiembre con la aprobación en el Congreso por 90 votos a favor y 20 en contra de la Ley  de Defensa Permanente de la Democracia, que dejó a los comunistas fuera de la legalidad”.

Más adelante relata que Pablo Neruda ingresó a la clandestinidad “y salió a contarle al mundo  que se trataba de una persecución política. Incluso le dedicó un poema lleno de insultos en el que lo trataba (al mandatario) de ‘rata almizclera’”. (Según el diccionario, mamífero que habita en Asia).

Muchas páginas dedica la autora al trabajo que realizó la primera dama al crear la Oficina de la Mujer, en La Moneda; a su lucha por el proyecto de viviendas de emergencia, y por obtener derechos cívicos para la mujer mediante la ley que le hizo extensivo el sufragio a las elecciones parlamentarias y presidenciales.

Siempre me llamó la tención que la señora Miti era esencialmente femenina . Su feminismo era decidido y eficiente, pero ni histérico ni gritón, y eso le valió no solo logros sino que jamás perdiera precisamente su femineidad.

La conocí muy poco, a pesar de que estuve varias veces con ella, incluso en su cabaña de Peñuelas, pero ahora sí que la he conocido de veras al leer el libro de Ana Campos, porque sin duda quien la conoció verdaderamente fue su nieta.

 

Lillian Calm

Periodista

06-08-2020

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