Algunos quizás creían que la católica España, como se la denominado por siglos, se había alejado de la fe. Pero León pisó España y España volvió a creer. A creer con esa fe secular que puede mover montañas, las mismas montañas a las que Mateo alude en su Evangelio.
He pasado por Salamanca, he estado en Salamanca y he alojado en Salamanca, y no en una que otra hospedería, sino en casa de amigos salmantinos que ya se pueden considerar amistades de toda una vida.
Por eso me impresionó tanto, quizás, oír en voz del Papa la mención a su Universidad, al río Tormes, a ese entorno tan propio y particular. Esas tierras se encuentran apenas a unos cien kilómetros de la Avila de Santa Teresa y a unos veinte minutos del huerto de fray Luis de León, quien tras estar cinco años encarcelado volvió a retomar su cátedra universitaria simplemente con un Como decíamos ayer…
Todo ahí es historia. Lo presente son las palabras del Papa León. Como señala La Gaceta de Salamanca…
... no fue una cita perdida entre decenas. Fue uno de los ejes intelectuales de su intervención. León XIV reivindicó la Escuela de Salamanca como una de las grandes aportaciones españolas al pensamiento universal. Situó a Francisco de Vitoria entre los pioneros de una conciencia jurídica y moral que todavía hoy ilumina debates sobre los derechos humanos, la dignidad de la persona, los límites del poder y el derecho internacional.
¿Por qué esa Escuela es tan trascendental, podemos preguntarnos? No solo por escribir las bases del derecho internacional, me atrevería a decir. Un Francisco de Vitoria, mencionado por León XIV, fue a más. Considerado un decisivo humanista del Renacimiento y uno de los fundadores de la Escuela de Salamanca, hizo suyo el pensamiento aristotélico-tomista y se atrevió a pronunciarse sobre el dominio español en América. En que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes.
Esta es una de las grandes herencias de España, destacó el Papa.
Quise conocer la reacción periodística directamente desde los medios salmantinos y, me explico, es por eso que recurrí a La Gaceta de esa ciudad. Tituló en grandes caracteres: La escuela de Salamanca eje del discurso histórico del Papa.
Leí también el editorial de ese periódico regional, que parece decir, con contenido orgullo, nosotros somos de aquí. Esas palabras se titulan Tuvo que ser el Papa. Cita párrafos de la alocución pontificia en el Congreso de los Diputados. Ese discurso que moros y cristianos, es decir, cristianos y también moros aplaudieron de pie largos siete minutos y doce segundos, a pesar de que León XIV habló claro.
Leo en La Gaceta de Salamanca: El Papa vino a España e hizo lo que aquí algunos llevan años negándose a hacer. Tuvo que ser León XIV quien, desde la tribuna del Congreso de los Diputados, pusiera a Salamanca, a la Escuela de Salamanca y a Francisco de Vitoria en el centro de uno de los discursos más importantes pronunciados en España en los últimos años.
Sigo:
León XIV reivindicó la Escuela de Salamanca como una de las grandes aportaciones españolas al pensamiento universal. Situó a Francisco de Vitoria entre los pioneros de una conciencia jurídica y moral que todavía hoy ilumina debates sobre los derechos humanos, la dignidad de la persona, los límites del poder y el derecho internacional.
Y añadió que aquella contribución, nacida a las orillas del río Tormes, trascendió su tiempo hasta convertirse en una referencia universal.
Luego el editorial cambió el tono:
No puede haber un reconocimiento más rotundo ni una puesta en valor mayor. Y tampoco una enmienda más contundente al Gobierno que, teniendo la responsabilidad de hacerlo, ha preferido mirar hacia otro lado desde que, en 2023, la Universidad impulsó la constitución de la Comisión para el V Centenario.
Las citas no deben ser tan largas, pero a veces ameritan.
León XIV también habló claro (él mismo dijo con palabras serenas y firmes) sobre aborto, eutanasia, familia, protección de la vida humana. Sobre la dignidad de los migrantes y una renovación moral de la vida pública.
Concluye La Gaceta salmantina:
Y consiguió algo extraordinario en la España actual: ser ovacionado incluso por quienes acababan de escuchar críticas implícitas a algunas de sus propias políticas. Queda el orgullo de que el Papa rescatara a la Escuela de Salamanca del olvido. Y queda la duda de si los políticos que tanto le aplaudieron realmente le escucharon.
El Papa tuvo que retirarse antes de que los aplausos terminaran, pues no terminaban. Por mi parte espero que en la católica España no hayan terminado.
Lillian Calm