Retrocedo en el tiempo.
Llegó por fin el día esperado. El domingo 19 de diciembre Santiago amaneció abanderado para presenciar con solemnidad los actos de la coronación. Miles de personas, desde temprano, invadieron las calles.
Eso fue hace casi un siglo. ¿Podemos pensar que entonces Chile era otro? ¿O aún tenemos la posibilidad de demostrar que, en su esencia, nuestra Patria sigue siendo la misma?
Ese día la Virgen del Carmen, tan enraizada en episodios de nuestra historia nacional, con la aprobación del Papa Pío XI, fue coronada Reina de Chile, y una vez más se puso a la Patria bajo su protección maternal.
Me cuesta incluso escribirlo, pero la verdad es que, a diferencia de otras naciones, incluso vecinales, Chile ha ido perdiendo su religiosidad. Muchos no creen en Dios (al menos es de lo que se jactan) y otros profesan una devoción a toda suerte de curiosos sucedáneos, que nada tienen que ver con la piedad que en Chile fue histórica.
La Cofradía del Carmen, entretanto, anunció el inicio a las celebraciones del centenario de la coronación de la Virgen del Carmen como Reina de Chile, y una vez más se pone a la Patria bajo su protección maternal.
Un poco de historia y para ello releo algunas líneas del excelente libro La Virgen del Carmen en Chile, historia y devoción, de Myriam Duchens. Explica que si bien el Vaticano autorizó en 1924 esa coronación, primero debió hacerse una colecta para confeccionar las coronas de la Virgen y el Niño, y preparar una gran fiesta de coronación fijada para el 19 de diciembre de 1926, es decir, hará cien años.
Reproduzco del libro:
Ese día, en un acto inusual, la empresa de tranvías comenzó a funcionar a las cuatro de la mañana (…) Los Veteranos del 79 se reunieron temprano en la Plaza de Arma. Habían sido autorizados por el ministro de Guerra, Carlos Ibáñez del Campo, para sacar desde el Museo Histórico Nacional los estandartes que se conservaban de la Guerra del Pacífico y escoltar con ellos a la Reina de Chile. El Presidente de la República, Emiliano Figueroa Larraín, concurrió en persona al museo para poner en manos de los veteranos esos históricos emblemas.
Luego aclara: Aunque el mandatario no asistiría ese día al Parque Cousiño, quiso estar de alguna forma presente en tan magno acontecimiento. Es probable que la reciente separación de la Iglesia y el Estado haya condicionado su participación como jefe de Estado en el acto de coronación, pues el mandatario no estaba tan lejos de la Orden del Carmen…
La historiadora explica en otro de sus párrafos: A las cinco de la mañana, cuando recién comenzaba a amanecer, la imagen de la Virgen del Carmen fue sacada de la iglesia del Salvador y conducida hasta el Parque Cousiño sobre un carro tirado por obreros. Sobre el pecho de la Virgen pendía el escapulario que Arturo Prat llevaba al morir en Iquique.
Entonces, deduzco, no habían transcurrido ni siquiera cincuenta años de la Guerra del Pacífico.
Hay distintos testimonios elocuentes y, por supuesto, imágenes de la Reina y Patrona de Chile, con el Niño en sus brazos, para su veneración.
Otras fuentes también relatan esa gran fiesta, en que aviones sobrevolaban el Parque Cousiño, mientras las bandas ejecutaban la Canción Nacional. Hubo hasta petardos y las campanas de las iglesias eran echadas al viento. al paso de esa procesión en la que participaron unas cuatrocientas mil personas. La Virgen del Carmen era coronada Reina y Patrona de Chile por decisión del entonces pontífice, Pio XI, y ambos, Madre e Hijo recibieron sus coronas.
Faltan solo diez meses para que los chilenos conmemoremos (¿será con el fasto y la piedad de hace cien años?) el primer centenario de la coronación de la Madre y del Niño, asignados para proteger nuestra Patria. La Santa Sede ha concedido por decreto la indulgencia plenaria, durante 2026, para los fieles que participen en celebraciones marianas por el centenario de esta coronación. Pero ese ya será tema para otra columna.
Lillian Calm