CAMILA YA NO SONRÍE

 

CAMILA YA NO SONRÍE

Lillian Calm escribe: “Camila ya no sonríe ni tampoco es la misma que aparecía tan buenamoza en portadas de revistas. La vi hace años en una italiana y, luego, en otra criolla. Se veía encantadora. Me preocupa el tema y no por los vaivenes nacionales e internacionales que puedan producir sus declaraciones, sino porque me han dicho que el mal genio en las mujeres las hace arrugarse antes de tiempo”.

Me tiene preocupada el mal genio de los militantes comunistas. De ellos y de ellas. Como que ahora sí que han perdido los estribos. Hace ya varios días oí de refilón a la ministra vocera Camila Vallejo, nada menos que secretaria general de Gobierno. A estas alturas en que casi todo les ha salido al revés, proclamaba como vocera y con furor (como si fuera el monólogo más inteligente jamás dicho en la historia de la humanidad):  le guste a quien le guste.

Esto tras defender la indefendible posición del Gobierno de Boric, y de Boric en persona por supuesto, ante la epopeya protagonizada por los hombres de Trump para arrestar al matrimonio Maduro.

Ahora le advirtió con superioridad al Presidente electo que se puede caminar y mascar chicle al mismo tiempo, cuando él respondió que uno tiene que ver dónde se prioriza, al preguntársele por la candidatura de la Bachelet a la secretaría general de la ONU, oficializada por Boric.

Caminar y mascar chicle al mismo tiempo… Pienso que ni a Sir Winston Churchill se le habría ocurrido una frase tan propia de un estadista.

Camila ya no sonríe ni tampoco es la misma que aparecía, tan buenamoza, en portadas de revistas. La vi hace años en una italiana y, luego, en otra criolla. Se veía encantadora.

Me preocupa el tema y no por los vaivenes nacionales e internacionales que puedan producir sus declaraciones, que creo por lo demás son nimios, sino porque me han dicho que el mal genio en las mujeres las hace arrugarse antes de tiempo. No sé si será verdad.

Pero he llegado a pensar que ese ceño fruncido, esa rabia contenida, esa furia que se le trasluce al hablar, ya ha se ha constituido en un lugar común de los militantes comunistas. Salvo cuando se fotografían en la Fiesta de los Abrazos, que el mes pasado celebraron en un estadio en Recoleta.

Y harto le costó, por su parte, a Jeannette (que quizás más que comunista es verdad que se siente socialdemócrata), sonreír cuando debió convertirse de un día para otro de simple usuaria de la polera matapacos y ministra comunista del Trabajo, en candidata presidencial de una coalición variopinta. Ya sabemos que no le fue bien.

Semejante es lo que ha sucedido con la otrora sonriente ex embajadora en Buenos Aires: aquí en Chile Bárbara Figueroa muestra un ceño más fruncido; es como si tuviera rabia. De otros correligionarios… para qué decir, y más aún de don Lautaro, con su reiterada pleitesía a Cuba (con sus idas y venidas) y a quien le ha caído la difícil tarea (y hasta ahora imposible) de reemplazar a Guillermo Teillier y sus antecesores, en liderar un más que fracturado Partido Comunista.

Pero no es de estas figurillas menores de las que quiero hablar, sino de un episodio protagonizado por otro comunista, Nikita Kruschev, en Naciones Unidas y que las nuevas generaciones quizás no conocen. Esto simplemente para demostrar solo algo de hasta dónde puede llegar un comunista cuando se sale de madre. Cuando todo le da rabia.

¿Quién era Nikita, antes que nada? Primer secretario del comité central del Partido Comunista de la Unión Soviética (lo que para ellos significa TODO) desde 1953 a 1964. Fue él quien sucedió a Stalin y finalmente fue reemplazado por Brezhnev. Estamos hablando no de Rusia, sino de la Unión Soviética…

No me voy a detener en su personalidad ni en sus vaivenes, sino en un solo episodio: el de su zapato, ampliamente recordado en Google.

El incidente del zapato sucedió durante la Reunión Plenaria número 902 de la Asamblea General de Naciones Unidas, del 13 de octubre de 1960, cuando, según algunas fuentes, el líder de la Unión Soviética, Nikita Kruschev golpeó uno de sus zapatos sobre su propio estrado de delegado.

Fue su histórico zapatazo.

Su forma de protestar, reitero, fue histórica, pero con el transcurso del tiempo a los mayores parece que se les ha olvidado y los menores nunca han oído hablar del tema.

En todo caso pienso que lo único que le falta hoy a nuestros camaradas comunistas criollos es sacarse un zapato (uno solo) y golpear, a ver si obtienen mejores rendimientos en sus afanes políticos. Le guste a quien le guste. 

 

 

Lillian Calm

Periodista

05-02-2026

 

 BLOG: www.lilliancalm.com

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