EL PAPEL DE LA QUERIDA

 

EL PAPEL DE LA QUERIDA

Lillian Calm escribe: “Hablamos casi de todo, pero ahora quiero detenerme en el final de la entrevista. Le pregunté entonces a Patricio Aylwin por la Unidad Popular, que excluía a la Democracia Cristiana pero incluía al Partido Comunista. Le pedí concretamente que me explicara declaraciones suyas anteriores según las cuales, en el caso de un posible maridaje entre la Unidad Popular y la DC, ésta no llegaría a ser esposa sino solamente una amante”.

Entrevisté por primera vez a Patricio Aylwin cuando aún nadie podía prever que faltaban dos décadas para que llegara a ser el primer Presidente de la República nuevamente en democracia y actor clave en la transición.

Me pongo in situ: me recibió, recuerdo bien, en su oficina del Congreso Nacional, entonces en Santiago. Era octubre de 1970 y Salvador Allende era el Presidente electo, pero aún no asumía en La Moneda

 En esas horas Aylwin acababa de ser derrotado en la Junta Nacional de su partido, el Demócrata Cristiano (siempre la inefable Junta Nacional), donde había presentado el voto 1. El voto 2 era el de Rafael Moreno. En ese voto 1 Aylwin establecía que las respuestas entregadas a la Democracia Cristiana por el senador Allende y la Unidad Popular no eran satisfactorias, porque no aprecian con realismo la situación política, ni valorizan el significado del eventual apoyo de la Democracia Cristiana ni aceptan cabalmente nuestras proposiciones en su carácter esencial y global.

Esa posición, que él definía como una línea más dura y autónoma, fue derrotada en esa Junta.

Una rápida síntesis histórica nos tendría que llevar a la asunción de Allende solo días después, luego al 11 de septiembre de 1973, al gobierno militar y, más adelante, al gobierno del Presidente Patricio Aylwin; y, ahora, aunque se trata de una DC escuálida, a la determinación de la Junta Nacional de ese partido de apoyar a una comunista: a Jeannette Jara.

Hablamos casi de todo, pero quiero detenerme al final de la entrevista. Le pregunté entonces a Patricio Aylwin por la Unidad Popular, que excluía a la Democracia Cristiana pero incluía al Partido Comunista. Le pedí concretamente que me explicara declaraciones suyas anteriores según las cuales, en el caso de un posible maridaje entre la Unidad Popular y la DC, ésta no llegaría a ser esposa sino solamente una amante.
Ha transcurrido más de medio siglo y esa respuesta me sigue llamando la atención.

Me contestó:

-Yo me atrevería a decir que la enorme mayoría de los demócrata cristianos chilenos pensamos que la gran solución política para Chile sería una combinación de fuerzas socialistas y demócrata cristianas. Lamentablemente, el socialismo chileno a diferencia del europeo, ha adoptado una posición extrema y no oculta su repugnancia por la Democracia Cristiana. Nuestra inclinación hacia ese esquema teórico ideal lleva a muchos demócratacristianos a cerrar los ojos ante esta reacción de los socialistas chilenos frente a nosotros.

Y concluyó:

-Yo he sostenido muchas veces en el partido que la unión de las fuerzas populares es como el matrimonio. Requiere el consentimiento de ambos, y la experiencia chilena demuestra que aunque los demócratacristianos hemos estado dispuestos a otorgar ese consentimiento, no hemos encontrado del otro lado una voluntad concurrente. Por eso he dicho que insistir en estas condiciones es aceptar el papel de querida en lugar del papel de legítima cónyuge.

Tras esas declaraciones de don Patricio, y tras la inefable Junta Nacional de este año y las consiguientes andanzas de la Democracia Cristiana, cada uno puede sacar sus propias consecuencias.

 

Lillian Calm

Periodista

21-08-2025

 

 BLOG: www.lilliancalm.com

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