SOBRE LOS DINOSAURIOS… Y RATZINGER

 

SOBRE LOS DINOSAURIOS…

Y RATZINGER

Lillian Calm escribe: “Aprovecho este lapso para leer y releer unas páginas que acabo de descubrir. No son escritas ahora, pero para mí tienen el sabor de lo nuevo. No las conocía”.

 

Primero situémonos: a pesar de estar en un nuevo año, seguimos en Tiempo de Navidad, pues la liturgia lo extiende hasta la fiesta denominada del Bautismo del Señor, y esta a su vez se celebra el domingo siguiente al 6 de enero o Epifanía (también visita de los Reyes Magos).

Aprovecho este lapso para leer y releer unas páginas que acabo de descubrir. No son escritas ahora, pero para mí tienen el sabor de lo nuevo. No las conocía.

Le oí hablar de ellas a un sacerdote español, cuyo podcast diario suelo sintonizar. Es fácil y, a la vez, profundo. El curriculum vitae de José Brage  no es común, pues se ordenó tras una carrera como oficial de Marina, especialista en armas submarinas.

En uno de esos podcasts citó unas páginas escritas por Benedicto XVI o, más bien, Joseph Ratzinger, ya que datan de los tiempos en que era arzobispo de Múnich. Magistrales, calan muy hondo en ese ser humano que somos quienes vivimos en este nada de fácil siglo XXI.

Estas se encuentran en un libro titulado La bendición de la Navidad y, según se explicita, l os textos fueron redactados como sermones, artículos de prensa o intervenciones radiofónicas para un amplio público lector y oyente.

Destaco algunos de esos párrafos que, al menos a mí, me hicieron muchísimo sentido.

“El apremio más profundo del hombre de hoy no proviene de la crisis de nuestras reservas materiales, sino de que se nos tapian las ventanas que miran a Dios y de que, de ese modo, nos vemos en el peligro de perder el aire que respira el corazón, de perder el núcleo de la libertad y de la dignidad humanas”.

“De los dinosaurios se afirma que se extinguieron porque se habían desarrollado erróneamente: mucho caparazón y poco cerebro, muchos músculos y poca inteligencia (…) ¿No estaremos también nosotros desarrollándonos de forma errónea, mucha técnica, pero poca alma? ¿Un grueso caparazón de capacidades materiales, pero un corazón que se ha vuelto vacío? En medio de tantas cosas y de tanto aparentar, ¿no habremos perdido la capacidad de percibir en nosotros la voz de Dios, de conocer y reconocer lo bueno, lo bello y verdadero?”.

Sigo, aun corriendo el riesgo de citar demasiado:

“La Navidad nos llama a entrar en ese silencio de Dios, y su misterio permanece oculto a tantas personas porque no pueden encontrar el silencio en el que actúa Dios. ¿Cómo encontraremos ese silencio? El mero callar no lo crea”, escribe.

Para él “hacer silencio significa encontrar un nuevo orden interior”, pues “silencio significa desarrollar los sentidos interiores, el sentido de la conciencia, el sentido de lo eterno en nosotros, la capacidad de escucha frente a Dios”. 

Benedicto XVI explica que hemos sido educados en la desconfianza: “No queremos creer que la verdad sea hermosa. Según nuestra experiencia, la verdad es, a fin de cuentas, casi siempre cruel y sucia”. Y lo mismo ocurre con el arte y la literatura, que ven como su misión “desenmascarar al hombre como un ser sucio y asqueroso”.

Y luego: “Pero el signo de esperanza representado en ese Niño está puesto también, y precisamente, para los atribulados. Justamente por eso ha podido producir un eco tan puro que su poder de consuelo llega a tocar incluso el corazón de los incrédulos…”.

Hay más, pero al menos yo procuraré en  silencio repasar estos párrafos.

 

Lillian Calm

Periodista

04-01-2024

 

 BLOG: www.lilliancalm.com

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