UNA NUEVA VERSIÓN DE MR. NOBODY

 

UNA NUEVA VERSIÓN...

DE MR. NOBODY

Lillian Calm escribe: “¿Que tiene que ver con Democracia Viva? Todo, absolutamente todo, porque aquí también estamos ante personas que no hicieron nada, no recuerdan nada, no responden nada… como ha sucedido a veces en la historia de nuestro país. Pero ahora, con demasía”.

He leído no sin cierto estupor todo lo que dice relación con las aparentemente inocentes aristas de Democracia Viva. Más que sobre la trama, de la cual se va informando día a día, hay un punto que al menos a mí me apasiona: comprobar cómo cada uno de los mencionados (nótese que no digo involucrados) declaran y vocean su inocencia.

Y ello desde el ministro de Vivienda Carlos Montes hasta el último de los últimos cuyos nombres han estado yendo y viniendo desde que, afortunadamente para Chile, estalló el caso. Por lo demás, al referirme al secretario de Estado me refiero a un hombre público en la cima de una carrera política respetada por tiros y troyanos.

Todo esto me hace recordar una poesía que aprendí en el colegio, me parece que en las preparatorias de entonces.

¿Que tiene que ver con Democracia Viva? Todo, absolutamente todo, porque aquí también estamos ante personas que no hicieron nada, no recuerdan nada, no responden nada… como ha sucedido a veces en la historia de nuestro país. Pero ahora, con demasía.

Busqué esa poesía prácticamente olvidada que, entiendo, no solo la enseñaban por la métrica y por el inglés, sino porque la educación procuraba ser integral: formar personas.

La encontré en un viejísimo cuaderno y, reconozco, ya no lograba memorizarla entera.

Se titula Mr. Nobody, es decir, Mr. Nadie. ¿Quién es el culpable? ¿Quién lo hizo? ¿A quién responsabilizar? A nadie. Nadie. Nadie. La palabra llega a sonar con un eco profundo. Nadie.

Esta no es una columna bilingüe; lo tengo muy claro. No me queda sino traducir libremente algunas de las maldades protagonizadas por Nobody (Mr. Nadie), autor de todas las maldades que puedan imaginarse. Y no son maldades que atenten, a diferencia del caso de Democracia Viva, contra el erario nacional: pueden darse hasta en un hogar, donde al preguntar quién hizo trizas ese plato, la respuesta será que no lo rompió nadie: Mr. Nobody.

Y continúa la retahíla de cargos: es a él a quien se le rompen  las hojas de los libros, que deja la puerta entreabierta, que hace saltar los botones de las camisas, que desparrama alfileres… y al que se le encarga aceitar la puerta que, por supuesto, sigue chirriando.

Hay más: pisadas de barro en la alfombra, papeles desperdigados por todas partes, manos marcadas en las paredes y botas repartidas por cualquier parte… Pertenecen a Mr. Nobody, es decir, a Nadie. 

La pedagogía es profunda. 

Dice el autor (no es literal) que él conoce a un hombre singular, tan silencioso como un ratón, autor de todas las maldades que se cometen en cada hogar. Nadie le ha visto el rostro, pero todos concordamos que el culpable es   Mr Nobody. Me parece que eso es lo que está pasando en el oficialismo.

Y entre los oficialistas.

¿Los culpables de Revolución Democrática? Mr. Nobody.

 

Post Scriptum: Mr. Nobody (editado en el Golden Book of Poetry, 1947) es anónimo, pero atribuido al escritor británico Walter de la Mare (entre otros, amigo de G. K. Chesterton).

 

Lillian Calm

Periodista

14-12-2023

 

 BLOG: www.lilliancalm.com

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