ZORRO Y CONTESSINA

 

Lillian Calm escribe: “Cuando Joseph Ratzinger fue elegido Papa, en 2005, periodistas de distintos medios y diferentes países dieron a conocer esta veta de Benedicto. Se llegó a escribir que es ‘un gran amante de los gatos y conversa con ellos, como si fueran personas’”.

Hace siete días titulé mi columna Adiós a Benedicto. Cuando aún agonizaba, vaticiné que el mundo sin Joseph Ratzinger… ya no sería el mismo mundo. Como se ha reiterado en estos días, con él ha partido no solo un Papa emérito, sino tal vez el más grande de los pensadores de nuestra época, un teólogo eminente, autor de textos y más textos, músico y tanto más.

Pero hay una afición suya de la que se ha hablado poco y es su afición… por los gatos. ¿Será muy prosaico recordarla en estos momentos? Pienso que no.

Entre mis libros guardo una singularidad. Es una biografía titulada Joseph e Chico. Está en italiano, su idioma original, pero me parece que ya existe una traducción. ¿El autor? El gato del Papa. El que tenía de niño.

 

Explico: dos autoras escribieron este libro para niños y, por supuesto, también para grandes, pero grandes que no fueran muy graves. De gran formato, lo ilustran preciosos dibujos y ya en la portada se certifica: “Un gato cuenta la vida del Papa Benedicto XVI”.

 

No es una falta de respeto. Al Papa Benedicto XVI siempre le gustaron los gatos y aquí está figurado Chico, el animalito que él tenía de niño y que habla de su amigo Joseph. Algunos podrán fruncir el ceño, pero Benedicto XVI, que era una eminencia, no lo frunció y autorizó a su secretario personal, monseñor Georg Gänswein, para escribir la introducción y contar, según palabras del sacerdote y hoy arzobispo, “la vida de una persona única en el mundo”.

 

Y escribe monseñor Gänswein: “Queridos niños, aquí encontraréis una biografía que es diferente a otras porque la cuenta un gato, y no todos los días un gato puede considerar al Santo Padre su amigo y sentarse a escribir su historia de vida”.

 

Cuando Joseph Ratzinger fue elegido Papa, en 2005, periodistas de distintos medios y diferentes países dieron a conocer esta veta de Benedicto. Se llegó a escribir que es “un gran amante de los gatos y conversa con ellos, como si fueran personas”.

 

La fuente, según distintos medios, habría sido el cardenal Tarcisio Bertone (ex secretario de Estado del Vaticano), quien durante años fue el brazo derecho de Ratzinger. El cardenal italiano habría revelado este hecho al semanario italiano Dipiú, al diario español ABC y a otros medios periodísticos).

 

“En nuestras tardes de paseo en Borgo Pío, el barrio donde ambos vivíamos, muy a menudo por las callejuelas encontrábamos muchos gatos. Al verlos, Ratzinger los saludaba como se saluda a un ser humano y se detenía a hablar con ellos”, contó. ¿Qué le decía el futuro Pontífice a los gatos, y en qué idioma?, le preguntaron. ‘No lo sé, porque el cardenal hablaba un idioma para mí incomprensible, un lenguaje en cierta forma trascendente… (para los gatos)’".

 

Y relató también el cardenal que una vez desde Borgo Pío, el entonces cardenal Joseph Ratzinger  entró al Vaticano con una decena de gatos que lo seguían:

 

Mientras él continuaba hablando con ellos (léase, con los gatos), recuerdo que fue interrumpido por un guardia suizo que, sonriendo, le dijo: ‘Su eminencia, mire que los gatos están tomando por asalto la Santa Sede’. Y entonces Ratzinger le contestó: ‘¡Oh, no creo que sean peligrosos!’”.

 

Cuando Joseph Ratzinger se convirtió en Benedicto XVI no pudo llevarse sus gatos al palacio vaticano, pero en cuanto renunció al pontificado y pasó a ser emérito, estos se fueron con él a su nuevo hogar, el monasterio Mater Ecclesiae, situado en el interior de los jardines vaticanos. Zorro y Contessina fueron su compañía hasta el final.

 

Y si algún lector lee con cierta sorna esta columna, lo desafío a que busque en Google Benedicto XVI y gatos y, luego, haga un click en Imágenes. Las fotografías que ahí aparecen constituyen la más palmaria de las evidencias.

 

Lillian Calm

Periodista

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