EXCELENTÍSIMO SEÑOR EMBAJADOR

 

Lillian Calm escribe: “¿Qué atributos tiene ese representante para estar acreditado en Madrid? Por curiosidad indagué el quién es quién de aquellos que lo han precedido en el cargo desde hace casi dos siglos. No sé si las generaciones más jóvenes habrán oído hablar de todos ellos, pero quienes nos hemos dedicado a informar sobre política exterior de Chile conocemos muy bien su trascendencia”.

No es un vodevil, aunque a ratos lo parezca. Tiene todas las trazas de ser una tragedia pero no clásica: barata. Y a costa de nuestra política exterior.
Chile se ha caracterizado por una tradición de seriedad y respeto en relaciones exteriores. No ha sido una política de gobiernos de turno, sino de Estado. Pero de un momento a otro, de marzo a la fecha para ser precisos, se ha convertido en un protagonista de un drama actuado por manos inexpertas y, peor que inexpertas, ignorantes.

Una especie de tabla rasa parece campear en todo lo que se refiere a nuestras relaciones con el mundo.
Amiguismos, compañerismos, nominaciones a dedo, compadrazgos políticos, faltas a las buenas maneras amenazan el profesionalismo que otrora caracterizó a nuestra diplomacia.
El caso del embajador de Chile en España (nuevamente España, después de vapulear al propio Rey) dice basta por mucho que la vocera de Gobierno, desde Palacio, haya procurado explicar que la Canciller lo llamó “al orden y la prudencia”. Sí. Camila Vallejo aclaró que se le pidió orden y prudencia al amigo personal del Presidente, que hoy hace cabeza en nuestra ya histórica representación en Madrid.

¿Es suficiente una simple amonestación y no haberle ordenado su regreso ipso facto a Santiago de Chile? ¿Qué atributos tiene ese representante para estar acreditado en España?

Por curiosidad indagué el quién es quién de aquellos que lo han precedido en el cargo desde hace casi dos siglos. No sé si las generaciones más jóvenes habrán oído hablar de todos ellos, pero quienes nos hemos dedicado a informar sobre política exterior de Chile conocemos muy bien su trascendencia.

Aquí una nónima, pero naturalmente no pude detenerme en todos los que fueron: José Manuel Borgoño, Patricio Lynch, Mariano Sánchez Fontecilla, Emiliano Figueroa, Aurelio Nuñez Morgado, Carlos Morla Lynch, Germán Vergara Donoso, Sergio Fernández Larraín, René Rojas Galdames, Juan de Dios Carmona, Mariano Fontecilla, Fernando Zegers Santa Cruz, Enrique Campos Menéndez, Juan Gabriel Valdés, Mariano Fernández, Enrique Krauss, Osvaldo Puccio, Gonzalo Martner, Sergio Romero, Roberto Ampuerto… y ahora este amigo personal del Presidente Gabriel Boric, cuyo nombre en este momento incluso se me escapa. Es que carece de relevancia y de una trayectoria merecedora de ese cargo.

Tras ese recorrido, una reflexión. Entiendo perfectamente que España sea un país que a las actuales autoridades de Chile les desagrade. Razones existen: tiene rey (repito: ya fue personalmente vapuleado por nuestro mandatario), ergo, es monarquía; y, lo peor de lo peor desde una miope perspectiva… España nos colonizó. La moda hoy, por angas y por mangas, es atacar a Cristóbal Colón y a todo lo que tenga aire de colonización. Y por eso, me imagino, da lo mismo enviar como embajador a quien no tiene idea de qué es lo que significa parecer, ser y hacer en las que podrían llegar a ser unas decisivas e importantísimas funciones diplomáticas.

Y esto a pesar de que el mandatario, me informan, tendría en perspectiva viajar este mismo año a ese país. No creo que su amigo, el actual excelentísimo señor embajador acreditado en Madrid, le sea de ayuda para consolidar una buena imagen de Chile.

 

 

Lillian Calm

Periodista

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