REUNIONES CON GENTE GRANDE

 

Lillian Calm escribe: “Lo que me llamó la atención es que el novel embajador de Chile en Washington (no tan novel, porque ya detentó ese cargo en el segundo gobierno de Bachelet), Juan Gabriel Valdés, se molestara porque al incidente se le diera tanta repercusión en Chile, y fuera destacado en medios periodísticos y redes sociales”.

Al paso de los días, aunque cada vez pareciera que se fuera diluyendo más ante la opinión pública, es importante decantar el faux pas (suena más elegante decirlo en francés, que recurrir a la criolla metida de pata) del Presidente de Chile. Y nada menos que ante uno de los “grandes” de la política estadounidense y, de paso, como un desaire hacia el país anfitrión, porque el escenario fue la reciente Cumbre de las Américas realizada en el mismísimo Estados Unidos.

Ignoró, Gabriel Boric, que ese “grande” (hablamos de John Kerry), en representación de su nación, estuviera en la sala; claro está que queremos suponer que no fue en forma deliberada ni por ignorancia, sino solo… falta de preparación.

Lo que me llamó la atención es que el novel embajador de Chile en Washington (no tan novel, porque ya detentó ese cargo en el segundo gobierno de Bachelet), Juan Gabriel Valdés, se molestara porque al incidente se le diera tanta repercusión en Chile, y fuera destacado en medios periodísticos y redes sociales.

El diplomático escribió en Twitter que “es muy increíble que cuando Chile logra reunir nueve países en la mayor iniciativa extra cumbre y en un tema de una importancia tan trascendental como la protección de los océanos la concentración del Twitter local sea un lapsus corregido. Chile querido!!".

Entiendo que muchas veces el periodismo actual (y conste que no generalizo) no está a la altura y, al decir a la altura, hablo de compromiso con la verdad. Pero esta era la verdad pura: Kerry estaba a dos asientos de Boric.

Tiendo a pensar que lo correcto hubiera sido que en todo momento los funcionarios de la embajada, o de la delegación a la cumbre, hubieran tenido informado al Primer Mandatario de todo: por ejemplo, de quienes eran los más cercanos a su localización, pero Boric ignoró la presencia de Kerry, el más importante funcionario de Biden a cargo del tema de marras.

Se lanzaba la Coalición Américas por la Protección del Océano y Chile había tenido, con otros países, un papel protagónico.

Pero al tomar la palabra, el mandatario chileno señaló que con la creación de tal bloque (¡uno más de tantos que se crean y se descrean, pienso yo) "le vamos a poder decir con más propiedad a los países desarrollados, como Estados Unidos, que no está aquí presente, que tienen el deber de hacer más esfuerzos para proteger nuestro medioambiente".

Sin embargo, Estados Unidos estaba presente. O Boric no lo vio, o no lo reconoció o quienes debían hacerlo no le informaron de su asistencia.

John Kerry, quien fue secretario de Estado de Obama, ducho en el tema y con un cargo especialmente creado por Biden que tiene el pomposo título de Enviado Presidencial Especial de los EE.UU. para el Clima, tras una apresurada rectificación de Boric contestó con esas típicas alusiones humorísticas norteamericanas, que pocos entienden pero que provocan una carcajada general. En este caso el meollo era una simple cerveza que se había tomado con el canadiense Primer Ministro Justin Trudeau en un bar de barrio.

La canciller Antonia Urrejola calificó el lapsus de insignificante…, pero al menos yo no logré entender la explicación de la ministra de Relaciones Exteriores.
Sin duda ese error (tan grave como lo fue, en su momento, culpar al rey Felipe VI de España del atraso de la ceremonia de trasmisión del mando), para nuestro país fue más grave y noticioso que todos los blá blá blá que se repiten y reiteran en los foros internacionales, y que muy pocas veces se traducen en realidad.

A Boric le falta experiencia, pues son muchos los “importantes” que va dejando en el camino.

Su salto ha sido demasiado veloz, pero también son responsables quienes lo rodean y se supone tienen más práctica en lides internacionales. ¿Ninguno había leído el discurso que iba a pronunciar el Presidente? ¿No le han sugerido que evite improvisaciones?

Por lo pronto, y esta no es una minucia ni me estoy saltando de un tema a otro, está claro que sus cercanos carecen de la personalidad necesaria para sugerirle que se vista mejor. Para convencerlo de que no va a desmerecer ante el mundo si se doblega y se pone corbata, como todos los otros doblegados que asisten a estas reuniones con corbata… salvo uno que otro que no son ejemplo de nada.

Esto, que podría parecer una superficialidad, lamentablemente no lo es en el mundo occidental. Molesta ver en el podio de Chile a alguien aperado con una vestimenta que no es la ad hoc, y no por ñoñería, cursilería ni menos esnobismo, sino por algo que se llama protocolo (también podríamos hablar de dignidad) y que es fundamental en las relaciones internacionales. Y más que eso, por un mínimo respeto al país que se representa.

Para todo, hasta para las reuniones de negocios, hay códigos: un código casual, un código formal.

Desde ya, con su aparición, con su camisa, el Presidente transformó en casual una reunión a la que le quería dar, con su iniciativa de la Protección de los Océanos, un carácter formal. Kerry estaba de corbata y Juan Gabriel Valdés, también.

 

Lillian Calm

Periodista

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