EL CARAMELO

 

Lillian Calm escribe: “Toda esta historia se conoce: en chileno Provoste desbancó a Rincón como candidata presidencial, y para zurcir el remiendo y sanar heridas o, más bien, conseguir que Rincón volviera a sonreír, se le agenció la presidencia del Senado, desbancando ahora de paso a Carolina Goic… a quien todavía no se le da caramelo alguno”.

Quizás el escándalo de la Lista del Pueblo -el de las firmas fraudulentas- haya opacado el complot Caramelo. No: complot no es la palabra. Es demasiado fuerte. Llamémosle, mejor, la trama Caramelo, porque si bien se urdió una trama resulta que esa trama es lícita. No es elegante, pero reconozco que no tiene nada de fraudulenta.

A mi juicio todo se hizo mal. ¿O bien, para algunos? ¿O algunas, para estar a tono con esa jerigonza mal llamada idioma inclusivo?

Resulta que Carolina Goic estaba a punto de asumir la presidencia del Senado. Era de esos secretos a voces: sería elegida por sus pares de la Democracia Cristiana (partido que mantendría su cupo) y otros parlamentarios de la oposición.

Pero no fue así.

En la vacante dejada por Yasna Provoste tras ganar la consulta ciudadana de la hasta entonces Unidad Constituyente (hoy, con algunos maquillajes, Nuevo Pacto Social) y quedar ungida como candidata presidencial, bastó un abracadabra para que no asumiera Goic sino Ximena Rincón, lo cual fue calibrado de compensación. Yo prefiero hablar de caramelo porque me suena más sutil. ¿Pero por qué debía regársele ese caramelo?

Primero, porque Rincón era la genuina candidata presidencial de la Democracia Cristiana de acuerdo al resultado de las primarias realizadas en enero dentro del propio partido. Entonces se impuso (y se comenta que sobre todo pronóstico) sobre el ex ministro Alberto Undurraga, quien le reconoció su triunfo; y segundo, porque ella lo ha pasado mal, muy mal. Y, ¿por qué tan mal?

Hay que rebobinar. Ximena Rincón ya había sido elegida candidata del PDC y de pronto Yasna Provoste entró al ruedo como pre candidata de la Unidad Constituyente, en cuya consulta se impondría sobre la socialista Paula Narváez y el radical Carlos Maldonado.

Toda esta historia se conoce: en chileno Provoste desbancó a Rincón como candidata presidencial, y para zurcir el remiendo y sanar heridas o, más bien, conseguir que Rincón volviera a sonreír, se le agenció la presidencia del Senado, desbancando ahora de paso a Carolina Goic… a quien todavía no se le da caramelo alguno.

A medida que pasan los días más vergüenza me da comprobar que la presidencia de nuestro Senado, antiguamente una institución respetabilísima, se ha convertido en un vulgar caramelo… y nadie dice nada.

Así la casi extinta Democracia Cristiana, tras sus escuálidos logros para elegir convencionales constituyentes, sobrevive ahora nada menos que con una presidenta del Senado y una candidata a la Presidencia de la República, la única mujer en esta última lid.

En todo caso Rincón habló claro, tanto que en una entrevista con radio Universo, después de asumir su nuevo cargo, manifestó: “Yo creo que lo vivido no tiene premio ni consuelo posible. Y creo que verlo así es minimizar el rol y la importancia de este cargo”.

Eso es precisamente lo que a mí también me da susto. Que se esté minimizando la importancia del cargo, es decir, de la presidencia del segundo poder de la Nación, utilizándolo como moneda de cambio para efectos secundarios. Para la pelea chica. Supe que Goic, que no re postula al Senado, votó en forma virtual para la presidencia del Senado y lo hizo por ella misma. Yo solo expongo. Me siento muy lejos de Provoste, de Rincón, de Goic, pero no se puede desconocer que hay demasiadas trizaduras personales que contaminan nuestro Poder Legislativo. En todo caso, civilizadamente, tras la votación de rigor, Provoste entregó a Rincón, en esto fiel a la tradición, la campanilla de mando. Eso sí me parece que no hubo abrazos. Esos abrazos que en pandemia suelen ser más que peligrosos.

 

 

Lillian Calm

Periodista

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