CIGARRILLOS, SÍ; PERO MISAS, NO

 

Lillian Calm escribe: “No hay nada peor que el capricho humano: todavía no logro entender por qué en esos días no podíamos comprar un par de zapatos, por poner un ejemplo. No quiero exagerar pero en un momento recordé los dictámenes del Komintern, esa invención soviética inspirada por Lenin”.

Desde la semana pasada los cigarrillos ya están a la venta (no quedó claro si siempre lo estuvieron, porque las explicaciones fueron confusas) y, también, muchos otros artículos que, arbitrariamente, la autoridad había considerado no esenciales y, por lo tanto, no a la venta en tiempos de pandemia.

No hay nada peor que el capricho humano: todavía no logro entender por qué en esos días no podíamos comprar un par de zapatos, por poner un ejemplo. No quiero exagerar pero en un momento recordé los dictámenes del Komintern, esa invención soviética inspirada por Lenin.

Por suerte ya podemos comprar nuevamente el par de zapatos… y de paso logré, también, olvidar a Lenin. Pero Vladímir Ilich Uliánov me vuelve a rondar al comprobar que vivo en un país en que no puedo ir a misa. Sí, también al comprobar que la libertad de culto -que estaba absolutamente garantizada en la república de Chile- sigue siendo considerada como un bien no esencial por qué sé yo qué mandamás.

En este ítem .porque para no sé quién es considerado un ítem- se volvió a fojas cero y así en las catedrales y en los santuarios -y para qué decir en las iglesias más pequeñas-, se admiten apenas cinco pelagatos (perdón por la expresión). Ese es el aforo.

Por ello me llamó tanto la atención encontrarme de bruces en Hablar con Dios, libro con lecturas para cada día del año, con el párrafo que cito:

“A pesar de la severa prohibición del sumo sacerdote del Sanedrín de que no volvieran a predicar y  a enseñar de ningún modo en el nombre de Jesús, los Apóstoles predicaban cada día con más libertad y entereza la doctrina de la fe. Y eran muchos los que se convertían y bautizaban. Entonces  fueron llevados de nuevo al Sanedrín. El Sumo Sacerdote les interrogó: ¿No os habíamos mandado expresamente que no enseñaseis en ese nombre? Pero vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra doctrina... Pedro y los Apóstoles respondieron: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Y siguieron anunciando la Buena Nueva” (De los Hechos de los Apóstoles).

El autor de Hablar con Dios es el sacerdote español Francisco Fernández Carvajal, uno de los escritores más prolíficos en temas de espiritualidad y cuyas obras han sido traducidas al alemán, eslovaco, francés, holandés, inglés, italiano, portugués y rumano.

Prosigue:  “La resistencia de los Apóstoles a obedecer los mandatos del Sanedrín no era orgullo ni desconocimiento de sus deberes sociales con la autoridad legítima. Se oponen porque se les quiere imponer un mandato injusto, que atenta a la ley de Dios. Recuerdan a sus jueces, con valentía y sencillez, que la obediencia a Dios es lo primero. Están convencidos de que ‘no hay peligro para quienes temen a Dios sino para quienes no lo temen’ (aquí se cita a san Juan Crisóstomo), y de que es peor cometer injusticia que padecerla. Los Apóstoles demuestran con su conducta la firmeza en la fe, lo hondo que han calado las enseñanzas del Señor después de haber recibido el Espíritu Santo, y también lo que pesa en sus vidas el honor de Dios”.

El autor no se queda ahí y hace referencia a documentos de la Conferencia Episcopal Española:

“Hoy también pide el Señor a los suyos la fortaleza y la convicción de aquellos primeros, cuando, en algunos ambientes, se respira un clima de indiferencia, o de ataque frontal, más o menos velado, a los verdaderos valores humanos y cristianos. La conciencia bien formada impulsará al cristiano a cumplir las leyes como el mejor de los ciudadanos, y le urgirá también a tomar posición respecto a las normas contrarias a la ley natural que pudieran alguna vez promulgarse. El Estado no es jurídicamente omnipotente; no es la fuente del bien y del mal”.

Otro documento citado pone énfasis en la libertad de culto (esa que yo siento que hemos perdido) y considera que “en medio de esta confusión doctrinal, es necesaria una norma de discernimiento, un criterio claro, firme y profundo, que nos permita ver todo con la unidad y coherencia de una visión cristiana de la vida, que sabe que todo procede de Dios y a Dios se ordena”.

Al mismo tiempo trae a la actualidad una frase de Mater et Magistra, encíclica del Papa Juan XXIII: “El aspecto más siniestramente típico de la época moderna consiste en la absurda tentación de querer construir un orden temporal sólido y fecundo sin Dios, único fundamento en el que puede sostenerse”.

Curioso: compruebo que durante la cuarentena hay permisos para ir de compras, para la feria, para hacer trámites, para retirar textos escolares o artículos tecnológicos, para comparecer a citaciones judiciales, casi de un cuantuay… Y por suerte los hay.

¿Pero para misas? ¿Para novios que quieran casarse por la Iglesia? Un aforo de cinco personas equivale simplemente a decirles NO y a impedir que se ejerza la libertad de culto en Chile.

 

 

Lillian Calm

Periodista

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