LAS AVENTURAS DE PINOCHO
LAS AVENTURAS DE PINOCHO Lillian Calm escribe: “Como última recomendación, le sugiero al Presidente y al gabinete en pleno leer Las aventuras de Pinocho, ese niño que a veces se ponía narigón porque no decía, al igual que otros más añosos, la verdad”. Es harto complicado mentir. Y si no, que lo diga Pinocho. Cada mentira que decía, más le crecía la nariz. Un día incluso quiso anular un decreto y, cuando le preguntaron el por qué, respondió que era por razones de tipeo. Y, entonces, más le creció la nariz. Incluso los niños saben, desde chiquititos, que no deben mentir. Les puede crecer la nariz, como a Pinocho, y no demorará en descubrirse la falta. Al Gobierno de Boric le quedan apenas días y, la verdad, uno se cansa de seguir analizando falsedades, pero ahora la guinda de la torta ha resultado ser no solo el cable Hong Kong-Concón, sino todo lo que envuelve este episodio tan singular. Cuando alguien me dice algo, yo le creo. Cuando alguien y muchos mient...